El término para designar el golfo fue incluido por primera vez en cartografías empleadas por exploradores españoles en el siglo XVI, mucho antes de la creación de Estados Unidos.
El miércoles, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, presentó un mapa de 1607 donde aparecía el golfo de México. En dicho mapa, además, se refería a América del Norte como «América Mexicana».
Hay un ejemplo previo: en 2015, el mandatario Barack Obama empleó su autoridad ejecutiva para renombrar una montaña en Alaska, pasando de “McKinley” a “Denali”. Trump ha asegurado que revertirá esa medida.
“No hay actualmente un acuerdo o protocolo internacional oficial para asignar nombres a las áreas marítimas”, expresó John Nyberg, director de la Organización Hidrográfica Internacional, que se encarga de establecer estándares y definir los límites oceánicos, en un mensaje de correo electrónico.
Nyberg agregó que en Estados Unidos, la autoridad responsable de los nombres geográficos es la Junta de Nombres Geográficos.
Este organismo, que pertenece al Servicio Geológico de Estados Unidos, señala en su página web que los cambios de nombre solo se consideran bajo razones “de peso”. Además, destaca que, en términos generales, “la principal política sobre los nombres se basa en el uso y la aceptación a nivel local”.